¿Qué significa el éxito de Coco? – Columna en video

El pasado fin de semana, Coco, la nueva película animada de Pixar, alcanzó los mil millones de pesos en la taquilla mexicana, convirtiéndose así en la película más taquillera en la historia de México.

Este éxito nos dice algo sobre la audiencia mexicana. El público responde mejor cuando pueden sentirse representados en las narrativas, cuando pueden identificarse con los personajes, y la audiencia mexicana no está acostumbrada a verse a sí misma en la pantalla.

Cuando se estrenó Nosotros los Nobles en 2013 y logró acumular siete millones de espectadores a lo largo de su exhibición en cines, hubo un cambio de paradigma, de repente una nueva generación de espectadores se interesó en el cine mexicano.  Se produjeron muchas más películas de un corte similar, como Cásese Quien Pueda, Cómo Cortar a tu Patán y Qué Culpa Tiene el Niño; porque ya estaban predestinadas al éxito, ya tenían una base sólida de espectadores. Coco, a pesar de ser extranjera, puede ser una continuación de este fenómeno y un detonante para que los espectadores mexicanos se busquen a sí mismos en el cine y la asistencia a películas mexicanas crezca aún más.

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La revolución cinematográfica mexicana del Siglo XXI

El cine mexicano se encuentra en un buen momento y se ha ubicado en constante desarrollo durante los últimos años. A partir del inicio del Siglo XXI, empezaron a emerger innovaciones en la narrativa, el montaje, la producción y la realización en general de filmes. Factores externos, como los avances tecnológicos, el intercambio cultural, y la globalización, han sido causa de la revolución que se está dando en el cine nacional.

Hoy en día, en México, se crean filmes con mayor trasfondo que en décadas pasadas, reflejando situaciones adecuadas al contexto actual y que generan cierta empatía con el espectador, provocando un cambio, asimismo, en la cine-videncia. En el aspecto técnico, se le atribuye a la inversión en elementos con alta tecnología, producto del incremento de interés en generar un cine de calidad.

Debido a la transición por la cual atraviesa el séptimo arte en nuestro país, varios especialistas (críticos, directores y productores de cine), académicos (sociólogos y comunicólogos), e inclusive los mismos cinéfilos, se han interesado en observar y analizar el cine que se está creando a nivel nacional y sus efectos en la cinematografía global. Esto significa un efecto no sólo en el ámbito artístico, sino que también en el ámbito social.

Desde su invención en 1895 por los hermanos Lumiére, el cine ha pasado por varios periodos de transición, ha evolucionado y los realizadores lo han adaptado según el contexto en el cual se desarrolla. Actualmente, dentro del contexto mexicano, el cine se encuentra en proceso de una de las mencionadas transiciones, o como le llamaremos en este artículo: revoluciones.

La historia del cine mexicano inició en 1896, y desde entonces ha pasado por momentos cúspide, como la Época de Oro (1936 -1957 aproximadamente), hasta periodos pobres en contenido y calidad (décadas de los 70’s y 80’s). Sin embargo, con la llegada de un nuevo siglo, la mentalidad y visión de los cineastas mexicanos pareció tomar un giro, y fue así que jóvenes soñadores y aspirantes a regresar un cine puro, artístico y de calidad, tomaron acción, y empezó una nueva forma de crear cine en el país. (Martín, 2008)

El siglo XXI ha sucumbido a cambios constantes en varios ámbitos (tecnológicos, sociales, políticos, industriales), por lo que la cinematografía no sería excepción. Actualmente el cine mexicano se encuentra en su auge, después de años de decadencia y pobreza fílmica. Contrario a las últimas décadas, pareciera que la llegada de un nuevo siglo significaría, asimismo, la llegada de un nuevo cine. La cinematografía mexicana empieza a tener presencia internacional, originalidad, nuevas narrativas, buenos actores,  y gran distribución que traspasa fronteras.

El cine es mucho más que una serie de imágenes en movimiento, más que una sala de proyección, una industria comercial o un arte, es una forma de expresión y reflejo de la sociedad, cultura, e identidad de toda una nación. El presente artículo se desarrolla alrededor de la revolución cinematográfica mexicana en el Siglo XXI. Con el fin de profundizar, describir y presentar los efectos que dicho auge está causando en investigadores y público interesado en comprender el fenómeno nacional cinematográfico que estamos viviendo.

A pesar de que no existen muchos estudios, artículos académicos e investigaciones sobre el nuevo cine que se crea actualmente en México, me he basado en aquellos que he encontrado, así como en libros relacionados al tema. La razón por la cual aún no hay mucho campo de investigación al respecto puede ser que todavía nos encontramos dentro de dicho periodo revolucionario cinematográfico. Cada vez es más común ver una película mexicana en cartelera, hace una década esto era un acontecimiento repentino y raro, sin embargo, ahora además de ser constante es exitoso.

En los últimos años se han creado nuevos filmes, la mayoría de los que han sido llevados a cartelera, son de tinte cómico y comercial, no obstante, continúan siendo producciones nacionales e impulsan a la creación de más proyectos. Considero que es cuestión de tiempo para que el cine nacional se formalice lo suficiente para ser reconocido mundialmente, al grado que merece serlo. Aunque señalo que existen filmes mexicanos recientes que cuentan con las características de una película de dicho nivel, por ejemplo, “Güeros” de Alonso Ruizpalacios (2014).

Países como Argentina, Estados Unidos y España son los que más consumen cine mexicano en el extranjero, este es un gran logro y un hecho que no se presentaba desde la popularidad mundial de las películas del Cine de Oro. Las producciones nacionales ya compiten con aquellas pertenecientes a países, supuestamente, más desarrollados y avanzados en cuanto a temas socio-culturales, tecnológicos y de bienestar. Por lo tanto, se podría decir que México no solo se está desarrollando en el cine, sino en muchos más aspectos.

Considero que el movimiento cinematográfico al que me refiero, tiene un trasfondo mayor, como ya se mencionaba en un apartado el artículo, las películas mexicanas son un reflejo de su sociedad, un excelente ejemplo es “Familia Tortuga” (Rubén Imaz, 2008). Si mi suposición es verídica, significaría toda una revolución para el país entero y en muchos más aspectos, no se trata de simplemente grabar secuencias de una historia sin sentido, o generar contenido pobre para que una sociedad ciega lo consuma. Aunque creo que situaciones como la planteada son posibles y existen, es cierto que México ha pasado por esa etapa para enfocarse en un cine puro, con mensajes que llevan símbolos con significados y significantes correspondientes y plantean de forma abstracta e indirecta, un cambio en el espectador. Son aquellos filmes que incitan al cine-vidente a tomar acción dentro de esta revolución, los cuales inspiraron esta investigación documental.

Creo fielmente en el impulso que existe detrás del gran impacto y desarrollo que está teniendo la producción fílmica nacional, las distintas razones, argumentos y justificaciones presentadas en el presente texto son suficientes para aceptar que hay un cambio en la forma de crear cine en México. Puede que aun exista mucha área de oportunidad, pero es un detonante para el futuro, aparentemente prometedor del cine mexicano. No hay vista atrás, tanto los cineastas y la sociedad mexicana, necesitan percatarse de la realidad, de la transición y de la revolución cinematográfica actual, que en algún momento será recordada históricamente.